14 de septiembre de 2015

Fête des voisins

Bruselas a veces parece un pueblo. Muchas de sus calles, incluso barrios enteros, te dan la sensación de no estar en una ciudad cuando caminas por ellas. Las maison típicas son de fachada estrecha y poca altura, lo normal son dos pisos y buhardilla, así las calles y las casas dejan entrar la luz del sol, cuando hace sol.

Si a la arquitectura típica (muchas casas son muy antiguas, la nuestra es de 1890 en origen, con sus múltiples reformas para conservarla) le añades los jardines y las plantas y también los enormes pájaros negros (diría que son grajos) que "grajean" cuando vas de camino al supermercado más cercano; tienes la sensación de estar en un pueblo.

Y con ese espíritu de "pequeña comunidad", desde que llegamos había visto carteles de Fête de quartier en muchas ocasiones. Los vecinos de un barrio se reúnen una tarde y organizan actividades en la calle y una comilona.

Ya os he contado que aquí no se pierde la ocasión de celebrar nada, más aún si eso implica barbacoa y cerveza, y éste fin de semana ha tocado la fiesta de vecinos de mi calle.

El plan era de 14 a 23 horas. Pidieron permiso a la comuna para cortar la calle al tráfico, pusieron placas para indicar a los vecinos que no aparcaran ese día y nos suministraron mesas y sillas.

Tras unos días muy soleados, a las 14 horas del sábado se puso a llover, pero ahí estábamos #LaFamiliaEspañola dándolo todo, con chubasquero, barriendo la calle, sacando las bicis de los peques y jugando al balón con el hijo del vecino. Básicamente eramos siete gatos y cuatro de ellos éramos de la misma familia...

Una foto publicada por Mamá 2.0 (@mama2punto0) el

La merienda de las 15:30 decidimos trasladarla al café de la esquina y poco a poco, al olor de las tartas, se nos fueron uniendo más vecinos y más niños.

Degustamos tartas, prepararon adornos para los árboles de la calle y en vista de que algunas actividades no iban a ser posibles por el tiempo, un vecino cedió su garaje para poder hacer allí talleres con los más pequeños.

Una vecina les contó cuentos y otra llevó instrumentos musicales para tocar y cantar. Se lo pasaron en grande y nos sorprendió ver a tanto niño. Desde que nos mudamos teníamos la sensación de que era un barrio con población bastante mayor. Nunca les habíamos visto en los parques o jardines del barrio.

Decorando la calle con los más pequeños. 

Las ganas de barbacoa eran grandes y el optimismo meteorológico vecinal era desbordante. Yo prefería basarme en mi App del Weather Channel que anunciaba que la cosa iba a peor, pero el caso es que montaron todo para la cena y cada vecino aportaba algo de comer, ensaladas, panes, quichés, patatas, cosas para la barbacoa, bebidas... y éste año no tenían carpa. Así que también aportábamos paraguas...

Preparando la barbacoa

El objetivo era socializar y echar una mano en todo lo que pudiéramos. Así que estuvimos hablando con vecinos italianos, alemanes, franceses, escoceses, sirios, peruanos, algún que otro belga y hasta un señor mayor noruego que estaba de paso y se unió a la fiesta. Al final te acabas entendiendo, los niños juegan sin importar el idioma y pasas un buen rato.

Las conversaciones típicas entre adultos eran:
  • ¿De dónde eres? ¿trabajas en la Comisión Europea? ¿Por cuánto tiempo vas a estar aquí?...


Y la sensación que nos quedó es que aquí los vecinos ya están muy instalados, muchos sí son funcionarios europeos o con puestos fijos y no están aquí por tiempo limitado y se sorprendían de que nosotros fuéramos a estar aquí sólo unos años y tuviéramos tantas ganas de socializar e integrarnos. 

Creo que socializar e integrarse y formar parte de la comunidad es vital y muy saludable, pero si tienes hijos es fundamental. Conocer a más niños, tener actividades y apuntarse a planes ayuda a adaptarte mejor y a aprender el idioma.

Así que yo ya estoy pensando en la Fête des voisins 2016.



Este año preparé tarta de Santiago para la merienda y tostas de salmorejo para la cena, para el año que viene no sé qué haré, que quede claro que somos #LaFamiliaEspañola :-)

Y tenía el Weather Channel razón y empezó a diluviar al poco de encender la barbacoa. 

Al final trasladamos todas las mesas a otro garaje que nos cedió un vecino y la barbacoa funcionó a pleno rendimiento protegida por una sombrilla... C'est la vie à Bruxelles.

7 de septiembre de 2015

La rentrée

Ya ha pasado una semana desde la nuestra. En España todavía están en ello.

Los belgas no pierden oportunidad de celebrar nada. Me encanta. Me apunto.
Y si es con un apéro mejor que mejor. ¿Dónde y a qué hora?

En lugar de dejarse llevar por la depresión posvacacional se lanzan a festejar que ya estamos todos aquí otra vez, con sus manifestaciones, sus cortes de tráfico, su helicóptero sobrevolando el centro todo el día; y así quedamos amigos y vecinos para desearnos una bonne rentrée.

Volvimos de España a finales de agosto para tener unos días de adaptación y aclimatación antes de volver al trabajo e iniciar el curso nuevo. Somos gente con suerte y tenemos unos vecinos (alemanes) la mar de simpáticos con los que tuvimos nuestra cena de rentrée el último fin de semana, regada con vino español. Así es más fácil volver a aterrizar en el barrio y en la vida que llevaba "en pausa" las últimas cinco semanas.


Y llegó el 31 de agosto. Lunes.

Tocaba preparar le cartable y formalizar la matrícula del peque en la guardería.

Y así fue como el día 1 de septiembre hicimos la rentrée.

Alejandra empezando el equivalente a Infantil 2 en el mismo colegio en el que está desde que llegamos. Descubriendo que ya no es "la nueva" porque hay mucho cambio de alumnado que se mueve igual que sus padres y unos se han ido pero han llegado otros, incluso algún español.

Elías empezando la guardería por las mañanas para tener niños con los que jugar, ir haciendo oído en francés y quemar un poco de energía.

Y yo... yo es la primera vez desde que vivo en ésta ciudad que he salido a la calle sin niños o que he estado en mi casa sola. Mi rentrée ha supuesto un gran cambio. Me toca descubrir qué voy a hacer ahora con esas 4 horas...

Admito sugerencias...

1 de septiembre de 2015

Verano expatriado. #MyExpatSummer

Cuando acabas de aterrizar en otro país, con otro idioma, otro clima y otros horarios, lo mejor que puedes hacer es establecer rápidamente una rutina con la familia y adaptarte pronto al horario.

A nosotros nos ayudó bastante llegar a finales de enero con el curso escolar ya a pleno rendimiento. No hubo jornadas de adaptación, aquí se empieza a jornada completa

Así, pronto tuvimos nuestro horario de despertador, de irnos a la cama, de entrar y salir del cole y nos acostumbramos con relativa facilidad al horario de comidas y cenas. Los días pasaban bastante rápido y no teníamos tiempo de darnos cuenta de que estábamos en otro país.

Entonces llegó el fin de curso y antes de que terminara ya se fue notando que cada día éramos menos en la ciudad y había menos niños en el cole.

Y de repente te quedas sin rutina, te quedas sin horarios y te quedas sin amigos en una ciudad que aún no es la tuya.

Las vacaciones eran uno de mis mayores miedos desde que llegamos. En Carnaval acabábamos de mudarnos y no lo notamos mucho. Para Pascua nos fuimos a España y entonces llegó el verano belga.

No teníamos muy claro cómo hacer. Aquí las vacaciones escolares son julio y agosto. Las vacaciones de Papá 2.0 eran tres semanas en agosto. Julio empezó y los peques eran muy pequeños aún para poder apuntarlos a lo que aquí llaman "stages de été", campamentos urbanos de verano con distintas temáticas; así que hicimos todo tipo de actividades en casa y en el parque hasta que nos decidimos a comprar unos billetes de avión para España. Y surgen muchas preguntas...


  • ¿No estaré huyendo?
  • ¿Nos vamos todos juntos o me voy con los peques primero?
  • ¿Cuánto tiempo nos vamos?
  • ¿A dónde nos vamos?
  • ¿No será peor luego volver?


Nosotros no conservamos casa en España. Tener un "campamento base" que sea tuyo ayuda bastante, pero nosotros dejamos nuestro piso alquilado de Madrid al venirnos a vivir a Bruselas, así que el tiempo que hemos estado en España, vista nuestra poca planificación, lo hemos pasado de casa en casa, entre abuelos, hermanos, padrinos y amigos.



Primero hice mi primer viaje en avión sola con los dos peques. Prueba superada.

Después pasamos dos semanas sin Papá 2.0. Prueba superada con la consecuencia de una "papitis" aguda por parte del más pequeño durante el resto del verano.

En agosto se nos unió Papá 2.0 para seguir nuestra gira por España.

Montamos y desmontamos el campamento familiar en siete destinos distintos. Allá donde nos acogieron, allá que fuimos. Playa, piscina, pueblo o ciudad. No podemos quejarnos de la suerte que hemos tenido. Gracias a todos por aguantarnos.

Pero uno acaba echando de menos sus cosas, su cama, su ducha, su cafetera, su gato...

Las maletas para el verano ocupan menos y dejan más espacio para venir cargado de cosas a la vuelta. Así que nos volvimos para Bruselas hace unos días con el equipaje lleno de saltos en la piscina del tío, paseos en bici, castillos de arena que se llevan las olas en Málaga, partidas del Funkenschlag, malabares en Martos, estrellas fugaces en Escalona...

Y 2 kilos de "exceso de equipaje" que ya iremos perdiendo escaleras arriba, escaleras abajo.

Ahora ya sólo queda volver a hacernos a la nueva rutina de volver a casa.