17 de febrero de 2015

28 días después. Como un belga por soleares...

Ya han pasado 4 semanas desde que toda la familia (gato expatriado incluido) cogimos aquel avión.

Una foto publicada por Mamá 2.0 (@mama2punto0) el

Leía ayer un post sobre las siete fases por las que todo expatriado pasa.

Yo estoy en la fase 2. La de que en tu lugar de destino o todo huele a rosas o es una ciénaga y quieres volver corriendo a casa. Reconozco que a lo largo de éstas cuatro semanas no he olido rosas y más bien he visto ogros. También sé que tengo que tratar de no ver sólo lo negativo y darle una oportunidad; y que llevará tiempo que nos acostumbremos a los nuevos usos y costumbres belgas.

Pero es que, objetivamente, el aterrizaje en Bruselas no ha sido especialmente suave. Hay mucho de ésta ciudad que no te cuentan en las guías de viajes y hasta que no te tienes que enfrentar a ello como residente (y no como turista) no te puedes hacer a la idea.

Si a todo eso le añadimos que seguimos viviendo entre cajas, que hemos tardado tres semanas en tener conexión a Internet y un cúmulo de mala suerte (averías, roturas y demás despropósitos bricolajeros) no puedo negaros que ha sido un poco bajón.

Pero como eso no tiene por qué pasarle a otro me limitaré a contaros en el blog las peculiaridades de la vida belga. Porque a veces uno aquí se siente como un belga por soleares...

2 comentarios:

  1. Coincido con el post sobre las etapas del expatriado. En tu caso lo bueno es que después de lo que estás pasando ahora sólo irá a mejor. Genial el ejemplo de la barrita en la cinta del supermercado!

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